El complejo mundo de la crianza, ¿guarderías como salvavidas?

Hoy os traemos un artículo escrito por nuestra compañera de coordinación de la Asociación Mamateta, Julia Cañero. Esperamos que os guste.

Las guarderías.

Mi hijo y mi hija han ido unas horas a una guardería después de cumplir los dos años. Lo necesitaba. En plena controversia sobre permisos parentales, aquellas que defendemos que las criaturas deben estar con su familia y que jamás la solución para conciliar debe centrarse en priorizar las guarderías gratuitas de 0 a 3 años, nos vemos de repente sumidas en una maternidad agotadora y acudimos a estos centros como vía de escape.

Por eso veo necesario conocer los porqués, que nos llevan a situaciones mucho más complejas, y requieren soluciones igualmente complejas. Debemos empezar por el principio.

guarderías

La mayoría de las madres desean criar más allá de las 16 semanas. Las madres que llevan a guarderías a sus criaturas con edades muy tempranas (antes del año) no suelen estar conformes con su propia decisión, que toman por no tener otra alternativa y que sustituirían con gusto si sus permisos fueran más amplios o -si no hay más remedio- al menos tuvieran una persona de confianza en quien poder delegar.

Son conscientes de que la vulnerabilidad y la dependencia en edades tempranas necesitan un ambiente familiar que atienda sus necesidades en exclusiva. Y son conscientes de que en esta etapa son insustituibles, por el vínculo que se crea en la díada madre-bebé, donde se incluye además la lactancia materna.

Sin embargo, conforme van creciendo, en la etapa de 1 y 2 años, vamos encontrando criaturas que acuden a guarderías por deseo expreso de sus progenitores/as, incluso aunque estén en situación de desempleo o con trabajos compatibles con la crianza (en este artículo no voy a mencionar a la gran cantidad de familias que deciden no escolarizar tempranamente, incluso debiendo dejar sus empleos o cogiendo excedencias). Cuando una defiende el derecho de los y las bebés a desarrollarse en el seno familiar, resulta impactante hablar con familias que con apenas un año dejan a sus criaturas en guarderías por propia voluntad y, además, creyendo que están haciendo lo mejor.

Por este motivo, sin juzgar a estas familias, creo necesario conocer los motivos que les llevan a tomar una u otra decisión. Voy a dividir estos motivos en dos partes: por un lado, la necesidad de los progenitores y por otro lado, la necesidad de las criaturas. Para comenzar quiero dejar claro que me baso en mis conversaciones con padres y madres que acuden a guarderías en una localidad concreta, que en ningún caso es generalizable a toda la población, ni a todos los hombres, ni a todas las mujeres, aunque pueden darnos una idea aproximada con la que podamos sentirnos identificadas. También me baso en el trabajo de investigación que, como antropóloga, llevo desarrollando con madres desde hace tres años.

La necesidad de los/as progenitores.

He encontrado grandes diferencias entre hombres y mujeres, aunque esta tendencia por suerte está cambiando.

  • Encontramos padres en paro (sobre todo a raíz de la crisis), que no ejercen una crianza corresponsable y, por lo tanto, si la mujer está trabajando, deciden delegar el cuidado de su hijo o hija, ya sea con las abuelas o en guarderías.
  • Las mujeres, sin embargo, suelen delegar los cuidados por agotamiento. Porque para ellas estar en paro no es sinónimo de no tener trabajo. Muchas me han dicho “es que si lo tengo por allí dando vueltas no me deja fregar, hacer la comida, comprar, cuidar a hermanos/as más pequeños/as, etc.” Es decir, la crianza les dificulta este trabajo no remunerado. A esto se le suma el tiempo para ampliar formación, buscar empleo o tener algo de ocio personal (en esto coinciden con los hombres).
  • También hay muchas madres que han decidido abandonar sus empleos (por incompatibilidad de horarios para la crianza) y comienzan a emprender como autónomas. Descubren entonces las dificultades de desarrollar este trabajo, aunque sea flexible y desde casa, con un/a niño/a que atender.

back-to-school-1622789_1920

Analizando estas situaciones, no debemos -aquellas que defendemos la crianza en familia- juzgar a estas madres como si su decisión estuviera basada en la libertad de elección y no en cuestiones estructurales.

Cuando accedemos a información sobre otras culturas nos damos cuenta de cómo otros modelos de crianza incluyen a la infancia en la vida de la comunidad, una crianza que no se desarrolla en solitario, ni siquiera se reduce a la pareja, y que se amplía a la familia extensa o incluso a la comunidad.

En nuestra sociedad individualista, sin embargo, nos vemos solas con un bebé y generalmente recluidas por nuestra maternidad al hogar o a los ámbitos adaptados para la infancia. Esta dicotomía entre vida adulta y vida infantil nos lleva a no mezclar ambas experiencias, cuando en realidad debería producirse una simbiosis entre ellas.

Y muchas madres se sienten solas. Sienten que su vida ya no es la misma y que solo viven para su bebé, que han dejado sus relaciones sociales, sus aficiones, su activismo, etc. Incluso cuando algunas deciden incorporarse a todos estos ámbitos en compañía de sus hijos e hijas son en muchos casos rechazadas, o bien las criaturas no se sienten cómodas porque los espacios no están adaptados.

Cuando somos madres nos damos cuenta de que nuestra ciudad es poco amiga de los/as niños/as, esas ciudades que define Tonucci, cuyas administraciones “han elegido como ciudadano prototipo a un ciudadano varón, adulto y trabajador”, adaptando los espacios a sus necesidades. Por lo tanto, no hay lugar para el juego infantil, ni para el disfrute, todo es peligroso y debe estar tutelado. La infancia está excluida y recluida y, por ende, sus cuidadores/as.

Las ciudades no están preparadas para la vida familiar y la crianza.

Esta falta de espacios, de ayuda, de comprensión y de aceptación de la maternidad y de la infancia hace que algunas madres necesiten unas horas para delegar los cuidados. Lo peor es que estas horas muchas veces se utilizan para el trabajo doméstico, impidiendo el acceso a la vida social.

Por lo tanto, creo que si apostamos por una crianza en familia debemos cambiar el modelo de sociedad, para que todo el peso no recaiga sobre las mujeres que desean maternar y tampoco nos veamos obligadas a elegir. El periodo de crianza debería ser agradable, innovador, reconocido y feliz, no frustrante, invisible y agotador.

boy-1846236_1920.jpg

El acceso a recursos económicos es también muy importante: para una madre en nuestro país maternar durante dos años es sinónimo de pobreza o de dependencia económica del otro progenitor. Si las licencias para la crianza fueran más amplias, tal y como pide la Plataforma PETRA Maternidades Feministas, al estilo de otros países europeos, incluso aunque no estuvieran remuneradas al 100% durante los dos primeros años, permitiría -a quien lo desee y elija libremente- no tener que externalizar los cuidados por motivos económicos.

También podría mejorarse con la implementación de prestaciones universales por hijo/a a cargo, pues estamos hablando de madres que en muchas ocasiones están desempleadas y por lo tanto no pueden acceder a los permisos parentales. Por supuesto, si después de tener toda la información, derechos y recursos, hay madres que deciden acudir a un centro infantil, se debe respetar su decisión de mujeres libres.

Necesidades de la primera infancia.

Me parece realmente preocupante la idea generalizada de muchas familias sobre los beneficios de la escolarización temprana de sus hijos/as. Creen que allí van a aprender más conceptos, a hablar mejor, a ser independientes, les van a quitar el pañal, el chupete, van a enseñarles a comer más y mejor, a beber en un vaso, coger los cubiertos, a ser más sociables y que van a acostumbrarse a la institución con vistas a una futura entrada en el segundo ciclo de la escuela infantil a los tres años.

Pensar todo esto supone un grave desconocimiento de las necesidades de niños y niñas en esta etapa evolutiva. Por un lado, infantiliza a las familias, como si madres y padres no tuvieran la capacidad de educar a sus hijos e hijas, y necesitasen una ayuda externa formada e institucional. No es necesario tener un máster en puericultura para criar. En estas edades las criaturas aprenden por imitación y la mejor forma de aprendizaje es su incorporación a la rutina diaria de las personas adultas.

kids-2985782_1920

Un bebé porteado aprende a ver el mundo al compás de la persona que lo portea. Los y las niñas juegan a imitar actividades adultas en función de cada cultura. De hecho, la separación de la infancia de nuestras propias vidas hace que también cambien sus juegos, sustituyéndose por juguetes cada vez más elaborados, televisión y, conforme van creciendo, dispositivos electrónicos, que crean una imagen virtual en muchas ocasiones alejada de la realidad.

Lo más importante es saber que los y las niñas en esta etapa aprenden solos/as -en compañía- y además disfrutan con ello. Si comen contigo en la mesa desde bebés, aprenderán a comer (o más bien comerán, porque comer, igual que dormir o hacer las necesidades son procesos fisiológicos que no se enseñan). No necesitan acudir a un comedor para que alguien les meta la cuchara en la boca e informe a su madre o padre de lo bien que han comido (si acaban el plato).

Si dialogas con tus hijos/as aprenderán a hablar. Si expresas tus sentimientos, aprenderán a gestionar sus emociones. Si les explicas el mundo, aprenderán los conceptos. No hace falta un método, ni fichas, ni una evaluación final. Desconfiar de nuestra capacidad como madres es algo que nos intentan inculcar en todos los ámbitos.

Por ejemplo, respecto a la lactancia materna: muchas mujeres piensan que no podrán dar el pecho, a pesar de que biológicamente podemos hacerlo, y de hecho, al final, acaban no pudiendo. Sentirnos incapaces hace que no seamos capaces. La educación infantil en la primera etapa no es formación y los centros son meramente un sustituto externo de los cuidados.

Por este motivo, padres y madres que lleven a sus hijos/as a guarderías no deberían preocuparse por lo que aprenden, deberían saber si están bien, si los cogen en brazos cuando lloran, si atienden sus demandas de una forma respetuosa, si tienen buena relación con sus compañeros/as (la relación que se puede tener con esa edad, donde el juego suele ser aún en solitario). Es decir, aquello que sustituya los cuidados familiares debería ser como su propia familia.

Modelo de crianza de la sociedad occidental.

Esta sociedad premia la independencia, el individualismo, la productividad, el conocimiento, la competencia. La mayoría de estos valores son bastante cuestionables y otros son aplicados a destiempo y desde un punto de vista adultocéntrico.

Por ejemplo, queremos hacer niños y niñas independientes a través de métodos que no respetan su dependencia y, por lo tanto, acaban desarrollando inseguridades y dependencias conforme van creciendo. Queremos que aprendan en función de un currículo educativo, sin respetar sus ritmos madurativos ni la importancia de otras “enseñanzas”, como puede ser el juego libre, la relación con menores de otras edades, el contacto con la naturaleza y los animales o el acompañamiento en las actividades diarias de los/as adultos/as.

kids-2835430_1920
Incluso creemos, erróneamente, que hay que acostumbrarles al futuro “todo lo que llore en la guardería se lo ahorrará el primer día de colegio”. Hay familias que empiezan a dar biberones desde los dos meses para ir preparando la vuelta al trabajo a los cuatro. Pero la infancia no funciona de esa manera: unos meses en un bebé suponen un tiempo muy importante, y no es lo mismo la escolarización con uno o dos años, que a los tres. Principalmente porque puedes dialogar, explicar, llegar a acuerdos y el niño o la niña puede sentir (si está preparado/a) que no es un abandono, al ser consciente del tiempo, del espacio y de los porqués.

Retos ante la escolarización temprana en la infancia.

Así que nos encontramos ante cuatro retos: conocer las necesidades de la infancia, y que no hay nadie mejor que madres y padres para satisfacerlas. Hacer tribu, buscar un apoyo que no juzgue, que no nos diga si somos buenas o malas madres, simplemente que esté ahí para escucharnos y, si son grupos de crianza, para aportar otras experiencias que hagan crecer nuestro universo. En tercer lugar, luchar para que la crianza tenga valor social, para que la maternidad sea sujeto político y no nos encontremos con un bebé y desterradas de nuestras propias vidas. Y, en último lugar, cambiar el modelo de ciudad, apostando por el decrecimiento y por la inclusión de la infancia en todos los ámbitos de la sociedad.

Grupos de apoyo en la crianza.

En este sentido, los grupos de apoyo están sirviendo de soporte, no solo emocional, sino también físico. Por ejemplo a través de reuniones, salidas y actividades donde madres (y padres) pueden ir con sus bebés, aunando ocio y relaciones sociales con la crianza.

Pero también a través de la ayuda mutua en el cuidado de bebés en situaciones puntuales. Recientemente está creciendo la figura de la “madre de día”, que garantiza una crianza con apego en el periodo que la familia no pueda permanecer con su bebé. Sin embargo, considerando todos los modelos de familia, esta figura no es la mejor solución: si el cuidado de nuestro/a hijo/a es un trabajo realmente bien remunerado como debería ser (no podemos permitir la contratación precaria de otras mujeres), esta solución solo estaría al alcance de unas pocas familias con recursos.

guarderías

Por eso, una opción muy recurrente es la ayuda de las abuelas: personas de confianza y familiares, que cuidarán en exclusiva y con apego. Pero es injusta esta enorme sobrecarga que se está delegando sobre unas mujeres que ya pasaron por su etapa de crianza (también sin derechos). Por supuesto que hay que socializar los cuidados, de tal forma que podamos tener ayuda de familiares y amistades, contar con su apoyo, pero no generar responsabilidades diarias del cuidado de nuestros/as hijos/as en ellas.

Así que, para poder atender a madres de todas clases sociales y que podamos ejercer la responsabilidad, el derecho y el placer de la crianza deberíamos ampliar derechos universales y se debería fomentar la crianza en familia, dotándola de valor social y recursos suficientes, siendo conscientes de que supone además una apuesta por el incremento de la salud infantil.

Esto no impide la existencia de espacios alternativos para la crianza, como guarderías públicas, pero deberían ser centros totalmente diferentes a los actuales:

  • Primero, que sus trabajadoras/es tengan unas condiciones laborales dignas y estén bien remuneradas y exigir determinadas cualificaciones (que no siempre van acompañadas de la formación). Además se debe reducir enormemente la ratio de las aulas (España tiene una de las ratios más alta de Europa) y aumentar el número de personas adultas por menor, garantizando una atención personalizada y el respeto de sus ritmos madurativos.
  • No se debería institucionalizar a menores de un año y el resto no deberían permanecer tantas horas (hay menores que están desde las 7:30 hasta las 20:00 horas).
  • También tendríamos que revisar los métodos de adaptación de entrada al centro, para que sean respetuosos y flexibles. Considero maltratato infantil que una persona desconocida (aunque sea profesional) arranque a un niño o niña llorando de los brazos de su madre o padre y se lo lleve contra su voluntad, aunque sea con el beneplácito de sus progenitores. Más aún cuando podría conseguirse una entrada progresiva (y no en horario, sino en acompañamiento) para que los y las menores conozcan el espacio en compañía de sus figuras de apego.
  • Hay familias que no pueden permitirse esta entrada respetuosa, porque sus horarios laborales no entienden de crianza. Por este motivo se tendrían que revisar las condiciones laborales y garantizar medidas efectivas de conciliación por ley. Para finalizar, se debería cambiar el objetivo de estos centros, que deje de ser la “enseñanza” y pase a ser “cuidados, seguridad y juego libre”.

Conclusiones.

Lo principal es -valorando enormemente el trabajo que hacen las profesionales, muchas veces en situación de precariedad- ser conscientes de que estos centros existen por la ausencia de medidas de conciliación de las familias, es decir, por una necesidad que ha generado el sistema capitalista.

Incluso aquellas personas que acceden a ellos teniendo disponibilidad horaria para criar, se enfrentan a otra serie de necesidades sociales y culturales, que se han definido anteriormente.

Es muy peligroso disfrazar esta externalización de la crianza basándonos en una necesidad ficticia de educación profesional temprana que dotará de una mayor sabiduría a nuestras criaturas. Porque la sociedad podría creerse tal despropósito y las instituciones usar todos sus recursos para hacerlo efectivo.

Las mujeres, sobre las que suele recaer el mayor peso de la crianza, deben poder elegir en libertad y con recursos, no es la maternidad la que penaliza, sino la ausencia de derechos y de reconocimiento social. El feminismo debe priorizar la lucha de los colectivos de mujeres más oprimidos y, por lo tanto, los derechos de las madres (y de sus hijas/os) debe ser uno de sus objetivos.

Julia.

Sin comentarios

Deja un comentario

Colecho y lactancia maternaColecho y lactancia maternabebé ingresa tras nacer, receptor de donación de leche materna.Donación de leche materna
A %d blogueros les gusta esto: